Comunidades inteligentes

Habitamos una revolución digital, que está cambiando la manera de estudiar, de trabajar, de hacer negocios; de ofrecer, acceder y hacer seguimiento a servicios; en definitiva, está cambiando nuestra manera de vivir. Este nuevo ecosistema digital ofrece grandes oportunidades para el desarrollo social y económico. ¿Cómo debemos prepararnos?

Tecnologías para democratizar las ciudades

Sin duda, el desarrollo de la TIC ha abierto en un plazo muy corto de tiempo una nueva cartera de herramientas con fuerte impacto en tres dimensiones claves para la dinámica de una ciudad:

La dimensión del Estado, el cual enfrenta una transformación digital que lo lleva a un nuevo paradigma, con nuevos alcances, pero también con nuevas exigencias y expectativas.

La dimensión de la ciudadanía por otro lado, donde la transformación digital también potencia otros cambios culturales en su construcción, con un ciudadano que es esperable que pueda estar dispuesto a revisar la delegación de responsabilidades que encierra la democracia, interesado en asumir un rol más participativo y comprometido, con nuevas capacidades para articularse con otros actores, para impulsar iniciativas o ejercer un control sobre los asuntos públicos y/o privados.

 

Y la dimensión del mercado, donde la transformación digital también está revolucionando la forma de producir y consumir, existiendo una fuerte reconfiguración en el mercado de trabajo y en la oferta de bienes y servicios. Se avanza hacia entramados donde se agudizan los extremos: se amplían las empresas pequeñas y trabajadores autónomos al mismo tiempo que crece el protagonismo de grandes grupos empresarios de escala global.

Todo esto encierra desafíos y oportunidades para las ciudades/municipios desde la adecuación de las infraestructuras necesarias, variaciones en dinámicas de movilidad, una transformación acelerada en la prácticas de la gestión pública, modificaciones profundas en los esquemas tributarios, desarrollo de nuevos criterios para el uso del suelo y del espacio, el acceso a bienes comunes y la gestión del impacto ambiental, nuevos roles de regulación y fiscalización, en definitiva una reconfiguración de los contratos sociales que ordenan y estructuran al ámbito urbano.

El paradigma de “smart cities”, la transformación digital que supone y que modifica profundamente pilares institucionales, sociales y productivos, implica una exigencia redoblada hacia la dirigencia pública y privada. Las ciudades/municipios que no resuelvan bien el acertijo que conlleva esta transformación verán incrementar la fragmentación, la exclusión y la inequidad. El equilibrio entre los actores que hacen a la Ciudad se verá trastocado: unos incrementarán su capacidad de imponer condiciones sobre los otros.

Así, el pasaje hacia el nuevo paradigma, para que resulte virtuoso, redobla la apuesta, impone mayor exigencia, requiere de políticas públicas más sofisticadas, de mayor capacidad de planificación, de mejores acuerdos sociales sobre el sendero del progreso colectivo. Y esta condición involucra a un número muy amplio de ciudades, no solo a las centrales. En la actualidad, las nuevas dinámicas globales, llevan a un intendente de una ciudad periférica y pequeña a tener que lidiar con empresas globales y definir reglas sobre servicios que antes se resolvían enteramente en el ámbito provincial o nacional.

En definitiva, se trata de rediseñar el Estado, no de reducirlo o apartarlo. Se trata de reconfigurar acuerdos sociales, no de disolverlos o reemplazarlos por vínculos comerciales apoyados en intercambios digitales. Se trata de aprovechar las nuevas tecnologías para seguir construyendo sociedades más justas, equitativas, respetuosas de la diversidad e integradas. Los avances tecnológicos y la ampliación de herramientas refuerzan anhelos y desafíos que colocan una vez más a la política y lo social en el centro de la escena.

por Pablo Peirano y Fernando Peirano

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Pablo Peirano


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