Pensar la nueva normalidad. Aprendizajes y deudas pendientes

Pensar la nueva normalidad. Aprendizajes y deudas pendientes

Según datos de Naciones Unidas, el 55% de la población mundial vive en áreas urbanas, y en el caso de Argentina ese porcentaje asciende a 92%. La pandemia del COVID-19 está afectando principalmente a la población de los grandes núcleos urbanos y las zonas más pobladas, donde su propagación es mayor. En la Ciudad de Buenos Aires, este virus vino a demostrar y a exacerbar las grandes desigualdades territoriales.

Si la Ciudad “normal” es desigual e insostenible, la “nueva normalidad” debería buscar alcanzar ciudades más humanas con territorios más resilientes, responsables y equilibrados. Es tiempo de que la planificación urbana empiece a pensar en rediseñar la Ciudad para que todos los vecinos y vecinas que en ella habitan tengan igualdad de oportunidades y beneficios.

TRANSPORTE

El transporte es uno de los sectores más pensados y repensados en el mundo desde el comienzo de la cuarentena por COVID-19 por la cantidad de personas que utilizan este servicio diariamente. Medidas que fomenten  la movilidad no motorizada, la peatonalización, el uso de medios de transporte sustentables y diferentes maneras para evitar el congestionamiento de los servicios en las horas pico, son medidas que llegaron y de las cuales no se debería volver atrás.

Peatonalización. Las ciudades tienen en general una descompensación entre el espacio dedicado a los vehículos y el número de usuarios de vehículos. En cambio, las peatonalizaciones para recorrer distancias cortas permiten hacer una redistribución del espacio de manera proporcional al tipo de usuarios.

En la Ciudad de Buenos Aires, el 70% del espacio de las calles está destinado a los coches. La peatonalización además de ampliar el espacio público de uso peatonal, lo dota de elementos de accesibilidad, seguridad, habitabilidad, paisaje y diversidad de usos  para que también personas mayores, niños o personas dependientes puedan disfrutar de él sin riesgo. La experiencia demuestra que las calles peatonalizadas, han aumentado la circulación de personas y los comerciantes registraron aumento en sus ventas. En diversas ciudades del mundo se comprobó que las zonas peatonales compiten con los centros comerciales periféricos: un análisis realizado por la OCDE en Alemania señaló un aumento de ventas en el 20% de los comercios en Colonia, del 25% en Copenhague, del 40% en Múnich, del 20% en Viena y de un 70% de los negocios en Hamburgo. Por otra parte, se promueve a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (ciudades como Nueva York o Madrid señalan reducciones de contaminación del 25% gracias a la peatonalización) y con esto a una mejora en la calidad de vida de las personas: más espacio, menos ruido y menos emisiones y contaminación. 

En ciudades donde los metros cuadrados de las viviendas son cada vez menores, muchas de estas sin balcones ni terrazas habilitadas para su uso, ¿quien no quisiera tener en la puerta de su casa u oficina un espacio público donde distenderse al aire libre?

Una de las propuestas más escuchadas para evitar la congestión del transporte público en la época de pandemia es el fomento del uso de la bicicleta. Muchas ciudades han aprovechado el contexto para aumentar los kilómetros dedicados a ciclovías y el espacio para el guardado de bicicletas y hasta se han habilitado subsidios para acceder a su compra. Este medio es una alternativa de transporte económica, segura y saludable que permite reducir el tránsito automotor, la congestión y la contaminación producida por los vehículos motorizados. Buenos Aires cuenta con 250 kilómetros de ciclovías y 400 estaciones gratuitas de bicicletas. Sin embargo todavía hay mucho que se puede mejorar: aumentar las ciclovías en los barrios del sur y el oeste de la Ciudad, proveer de guarderías o sistemas de guardado seguro de bicicletas en diferente puntos concurridos, y generar un sistema de transporte integral que fomente la combinación de la bicicleta con otra modalidad de transporte público.

Por último, entre otras medidas implementadas en el mundo para evitar aglomeraciones en el transporte público encontramos: aumento de frecuencia de servicios, horarios diferenciados de ingreso a las oficinas, aumento del teletrabajo, incorporación de diferentes modalidades de transporte sobre el mismo recorrido (subte, colectivos, bicisendas), entre otras. 

ESPACIO PÚBLICO

En el marco de una pandemia como la del COVID-19, nos damos cuenta de lo indispensable que es el espacio público. Desde la amplitud de las veredas, tanto para que haya más espacio para circular manteniendo la distancia física entre personas, como para la disposición de mesas de restaurantes manteniendo la distancia recomendada, hasta la cantidad de espacio público por habitante y el acceso a parques y zonas verdes por los vecinos de todos los barrios de la Ciudad, el espacio público toma una relevancia sin precedentes. 

El entorno urbano, el transporte público y, sobre todo, la presencia de espacios verdes cercanos influyen en la realización de actividad física y en la autopercepción de salud y bienestar. Un indicador objetivo es la cantidad de metros cuadrados de área verde por habitante. Pero no se trata sólo de la existencia de las mismas, sino que hay que considerar su ubicación, manutención,  distribución y posibilidades de acceso. La Organización  Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 9 y 11 m2, mientras que el Gobierno de la Ciudad declara que existen alrededor de 6 m2 de área verde/habitante. Esta cifra, además de estar  muy por debajo de la adecuada, es puesta en duda debido al criterio poco claro para contabilizarlas. Aparentemente se incluyen como espacios verdes todas las superficies de plazas, parques, plazoletas sin considerar su condición verde. ¿Cuán verde es Plaza Once? Un criterio estricto de cuantificación del verde público en la Ciudad nos llevaría a cifras penosas. 

Por otra parte, la distribución entre las comunas es muy desigual. Según el GCBA, la Ciudad presenta comunas con 0,2 m2 de espacio verde por habitante y otras con 18,5 m2 por habitante. Lo que da un promedio de tan solo 2,6 m2 espacio verde /habitante (2016). 

Las comunas con más espacio verde/habitante son la Comuna 1 (de Retiro a Constitución y Puerto Madero) con 18,5m2/hab, Comuna 14 (Palermo) 13,8m2/hab y Comuna 8 (Soldati, Riachuelo, Lugano) 13,2m2/hab. Sin embargo, se puede notar una gran diferencia en cuanto a las características de estos espacios entre las primeras 2 comunas del  norte y los presentes en la Comuna 8 en el sur de la Ciudad, que se encuentra atravesada por la autopista, contiene asentamientos informales y su conservación es limitada. 

Por otra parte, las Comunas con menos espacios verdes son: la 10 (Villa Real, M.Castro, Versalles, Floresta, Vélez y Luro) con un 1,4 m2/hab, 6 (Caballito) 1,5, 3 (Balvanera y San Cristóbal) 0,4 y la 5 (Almagro y Boedo) 0,2 m2/hab. En contraposición, llama la atención que el GCBA remató 473 hectáreas de terrenos públicos en la última década, de las cuales 150 corresponden a superficies verdes.

La distribución equitativa de este tipo de espacios es importante por varias razones. Por un lado para evitar grandes desplazamientos y aglomeraciones (como las que se experimentaron en las últimas semanas en los bosques de Palermo a raíz de la habilitación de la actividad “running” en la Ciudad). Por otra parte, para  promover el crecimiento del pequeño comerciante. Por último, la proyección para nuestra Ciudad, como consecuencia del cambio climático, será el aumento de las precipitaciones en periodos cortos y olas de calor. Por eso, es necesario diseñar infraestructura destinada a canalizar, absorber y ralentizar  el agua de las precipitaciones de nuestra  ciudad ya casi  “impermeabilizada”. En este punto las ciudades europeas y sus veranos nos permiten aprender. 

CONDICIONES HABITACIONALES

Si la pandemia del Covid-19 vino a hacer repensar y rediseñar el transporte y los espacios públicos, también vino a demostrar las peores contradicciones y desigualdades existentes en la Ciudad. Que haya barrios sin agua potable impide seguir las recomendaciones de higiene. Que haya hogares sin internet ni luz dificulta a los niños continuar con las clases de manera virtual. Que haya hogares con hacinamiento dificulta el cumplimiento del aislamiento social. Ni hablar que la informalidad laboral en época de pandemia disminuye o elimina toda posibilidad de llevar un plato de comida a la mesa, sin dejar otra opción que asistir a comedores barriales.

Cuando todas estas condiciones habitacionales fallan, los barrios vulnerables se vuelven más vulnerables en el contexto de una pandemia mundial. Los contagios en los barrios populares de CABA representan el 25,9% de todos los casos de la Ciudad de Buenos Aires y el total de infectados ascendió a 12.041 (46.387 total contagios en CABA). En cuanto a la cantidad de muertes registradas, el 13% se trata de vecinos de los barrios populares (925 muertes totales por Covid-49 en CABA). 

Esta situación de vulnerabilidad en la que viven aproximadamente 82.585 familias en la Ciudad de Buenos Aires fue aumentando en los últimos años debido a las dificultades para acceder a la vivienda, por diversos factores: altos valores del suelo y las construcciones, la especulación inmobiliaria donde las viviendas dejan de ser un bien de derecho y pasan a ser una inversión valiosa, las viviendas ociosas que rondan entre un 14 y un 24%, la falta de acceso al crédito, dificultades para acceder a un alquiler formal, etc. A los vecinos que residen en barrios populares se le suman los que residen en hoteles, casas tomadas y los que viven en situación de calle. En total: el 11% de la población de la Ciudad de Buenos Aires (300 mil personas) vive en condiciones de informalidad

En resumen, si no se corrige el modelo de ciudad actual orientado a los negocios para unos pocos, al aumento generalizado del precio del suelo y su consecuente impacto en el acceso a la vivienda, en la Ciudad seguirán creciendo las familias que viven en la informalidad y se profundizará la exclusión social.

GESTIÓN METROPOLITANA

Por último, si esta pandemia trajo una enseñanza es que si no se actúa de manera conjunta con las jurisdicciones vecinas no se va a poder vencer la enfermedad: “Los vecinos se enferman por igual de un lado u otro de la General Paz”. Por tratarse de una Ciudad perteneciente a un sistema metropolitano es importante prestar atención a este tipo de diálogos y medidas en conjunto.

El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es una delimitación creada en 2003 por el INDEC en la que se incluye a la Ciudad de Buenos Aires y 24 partidos del Gran Buenos Aires. Tiene una superficie de 3.833 km2 y es el cuarto aglomerado más grande de Latinoamérica con más de 12.806.866 habitantes (2010). En distintas partes del mundo se encuentran ejemplos de coordinación metropolitana en la gestión de aglomerados urbanos.  

El AMBA debería aprovechar la oportunidad de los lazos creados para enfrentar la crisis sanitaria desencadenada por la pandemia e institucionalizar los canales de coordinación  intermunicipal e interjurisdiccional para abordar en conjunto otros desafíos que tampoco respetan límites jurisdiccionales, como el cambio climático, la movilidad sostenible, la seguridad o el acceso a un hábitat digno.

NUEVA NORMALIDAD

La pandemia nos hizo darnos cuenta la importancia del espacio público y de los espacios verdes, nos puso a prueba en cuanto a la coordinación con diferentes niveles de gobierno, nos hizo buscar alternativas para trasladarnos por la ciudad y demostró una vez más, de la manera más cruel, que los barrios vulnerables son los más desprotegidos frente a las crisis de esta envergadura. Aprovechemos este punto de inflexión para transformar la Ciudad y que la “nueva normalidad” esté conformada por territorios más resilientes, responsables y equilibrados.

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Pía Barreda


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